¿Un PowerPoint para todas las clases?
El poder corrompe. El poder del PowerPoint corrompe absolutamente
Por Edward Tufte - Publicado el 11-9-2003 en la Revista Wired
Imagine un remedio caro y muy usado que promete hacernos hermosos, pero no lo hace. Y que tiene serios efectos secundarios: induce a la estupidez, transforma al usuario en un pedante, hace perder el tiempo y degrada la calidad y credibilidad de las comunicaciones. Una droga así sería retirada del mercado a escala mundial.
Y aun así el slideware –los programas de computación para presentaciones– es omnipresente: en las empresas, en las burocracias públicas y hasta en las escuelas. Cientos de millones de copias de PowerPoint mastican miles de millones de pantallas cada año. El slideware puede ayudar a los expositores a delinear sus charlas, pero la conveniencia del que habla puede ser el castigo del contenido y de la audiencia. La típica presentación en PowerPoint pone al formato sobre el contenido, traicionando una actitud de comercialismo que transforma todo en un argumento de venta.
Claro que no hay nada de nuevo en reuniones donde se intercambian datos. Años antes del slideware, en las presentaciones de, por ejemplo, la IBM a sus clientes militares usaban “diapositivas”. Pero con el PowerPoint, creado en 1984 y luego adquirido por Microsoft, ese formato se transformó en ubicuo. El estilo agresivo del PowerPoint busca establecer la supremacía del que habla sobre la audiencia.
La adopción en las escuelas del estilo cognitivo del PowerPoint resulta particularmente preocupante. En lugar de aprender a escribir usando frases, a los chicos se les enseña a formular frases vendedoras y cortas, como slogans publicitarios. Los ejercicios de primaria en PowerPoint -como aparecen en manuales para docentes y en trabajos de alumnos subidos a Internet– suelen consistir en 10 a 20 palabras y una imagen en cada pantalla de presentaciones de tres a seis pantallas, un total de 80 palabras, o sea 15 segundos de lectura, por semana de trabajo. Los alumnos estarían mejor si la escuela simplemente cerrara y todo el mundo se fuera al zoológico o escribiera un texto explicando algo.
Los PowerPoint de negocios suelen contener 40 palabras u ocho segundos de lectura, lo que hace necesarias muchas, muchas pantallas. La audiencia tiene que aguantarse una secuencialidad insoportable, pantalla tras pantalla. Cuando la información se segmenta temporalmente, es muy difícil entender el contexto y evaluar las relaciones. El razonamiento visual suele funcionar mejor cuando se muestra lado a lado la información a relacionar, especialmente si hablamos de datos estadísticos.
Un buen ejemplo es la tabla que muestra tasas de sobrevivencia de personas con cáncer relativas a personas sin cáncer en el mismo período. Son 196 números y 57 palabras describiendo las tasas de supervivencia y sus márgenes de error para 24 tipos de cáncer. Al aplicar el PowerPoint a esta simple tabla se crea un desastre analítico. La información estalla en seis pantallas caóticas que ocupan el triple de superficie. Está todo mal con esos gráficos incoherentes: los textos son incomprensibles, el color es inútil, los logos molestan. No sirven para comparar, no contienen evidencia, y son tan magros en datos que no se entiende para qué existen. Son gráficos que podrían ser una farsa siniestra si se los usara para algo serio, como ayudar a un paciente de cáncer a estimar cuánto le queda de vida.
Para vender un producto que arruina la información con intensidad tan sistemática, Microsoft abandonó toda pretensión de integridad y razonamiento. Las presentaciones suelen sostenerse o caer por la calidad, relevancia e integridad de sus contenidos. Si los números aburren, es porque son los números equivocados. Si las palabras o imágenes no van al tema, llenarlas de colorete no las hace relevantes. El aburrimiento del público viene del mal contenido, no de la mala decoración.
Como mínimo, un formato de presentación no debería hacer daño. Pero el estilo PowerPoint rutinariamente interrumpe, domina y trivializa los contenidos. Por eso, las presentaciones en PowerPoint son tan parecidas a un acto escolar: gritonas, lentas, simples. La conclusión es clara: PowerPoint es un administrador y proyector de pantallas competente, pero en lugar de apoyar una presentación se transformó en su sustituto. Este mal uso desconoce la principal regla de la oratoria: respetar al público.
Ver artículo en: http://www.wired.com/wired/archive/11.09/ppt2.html
Edward Tufte es profesor de Ciencias Políticas, Estadística e Informática, y Diseño Gráfico en la Universidad de Yale. Envisioning Information, uno de sus libros, ha ganado diez premios por su diseño y contenido. Ha preparado pruebas para juicios, y ha trabajado en temas de diseño y estadísticas para IBM, The New York Times, Lotus, CBS, entre otras. Su último libro, Visual Explanations, trata de visualización científica, diseño de la información y de las imágenes como evidencias.